La oración siempre comienza con la relación. Si no hay una relación establecida, no hay base para la oración. El oído del Padre siempre está abierto al clamor de los hijos. Y si tienes esa relación con Dios donde puedes decir: “Padre”, entonces has establecido esa relación que abre la oración para ti, una oración eficaz para ti. Pero si no tienes esa relación, entonces la oración no tiene sentido. Hay una sola oración que Dios quiere escuchar de ti si no eres Su hijo, y es la oración: “Dios, sé misericordioso conmigo, pecador”. Y eso establece entonces la relación y abre esta gloriosa oportunidad de oración para cada uno de ustedes. Pero la oración comienza con la relación.
